Revista LA FUNDACIÓN

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Del Divisionismo al Futurismo. El Arte Italiano hacia la Modernidad

Del Divisionismo al Futurismo. El Arte Italiano hacia la Modernidad

por In La Muestra En 12 marzo, 2015


Fundación MAPFRE presenta la muestra Del Divisionismo al Futurismo. El Arte Italiano hacia la Modernidad, que examina los orígenes y la evolución del divisionismo de la mano de sus principales protagonistas, que tanto influyeron en la renovación del arte italiano entre finales de siglo XIX y principios del siglo XX, y muy especialmente en la formación de los artistas que darán vida a la vanguardia futurista.
Del 16 de febrero al 5 de junio de 2016 en las salas de exposiciones de Fundación MAPFRE (Paseo de Recoletos, 23, Madrid).

Del divisionismo al futurismo

1. Emilio Longoni. Ghiacciaio [Glaciar]. 1905.

2. Giacomo Balla. Compenetrazione iridescente n. 4 [Compenetración iridiscente n.° 4]. 1912-1913.

Movimiento apenas conocido fuera de Italia, se manifiesta en 1891, en la Triennale di Brera de Milán, con la primera aparición «pública» de un grupo de jóvenes pintores apoyados por el crítico y marchante Vittore Grubicy de Dragon. Nacido sobre las mismas bases que en Francia dieron origen al puntillismo, el divisionismo se distingue de los movimientos de otros países por el hecho de que entiende las nuevas investigaciones sobre la descomposición de la luz y del color como medio para la expresión de temas «modernos» en una doble deriva: los temas «sociales» que reflejan las dificultades de las clases más pobres de la nueva Italia unida y las tendencias internacionales más avanzadas ligadas al simbolismo.

La fuerza revolucionaria del lenguaje divisionista sentará las bases para el nacimiento del futurismo, movimiento de vanguardia fundado en 1909 por Filippo Tommaso Marinetti.

3. Angelo Morbelli. Alba [Amanecer]. c. 1891.

LA LUZ DE LA NATURALEZA

El principio divisionista de la descomposición de los colores, sostenido en el plano teórico por Vittore Grubicy, encontró una aplicación particularmente eficaz en la representación del paisaje. Cada vez más apreciado por el público, este género pictórico resultó, gracias a la nueva estética y al nuevo tratamiento técnico, completamente transformado.

El objetivo común era el de crear una relación más directa con la naturaleza, experimentada en plein aíry cuya luz se pretendía captar según las condiciones atmosféricas, las horas del día y el estado de ánimo del pintor. Si el Alba de Morbelli ha representado un manifiesto demostrativo del procedimiento divisionista, los maravillosos paisajes de alta montaña pintados por Segantini reflejan una tensión ya simbolista que tiende a indagar y a representar el misterio de la naturaleza.

4. Giovanni Segantini. Ritorno dal bosco [Regreso del bosque]. 1890.

LA DERIVA REALISTA. EL COMPROMISO SOCIAL

5. Emilio Longoni. Riflessioni di un affamato [Reflexiones de un hambriento]. 1893.

Centro de la economía y la industria italianas en la época, Milán fue también escenario principal de las tensiones sociales y de las luchas de los trabajadores. Mientras Segantini y Previati, cada vez más consagrados a una «pintura de ideas», escapaban de los problemas reales, el resto de los protagonistas del divisionismo dirigieron una gran atención a las condiciones de las clases más desfavorecidas y de los marginados.

La obra más representativa de este tipo de pintura de denuncia social, que mostraba las contradicciones y el lado dramático de la vida moderna, es Riflessioni di un affamato, de Longoni. Expuesta en la Triennale di Brera de 1894, fue publicada en el número del primero de mayo del periódico Lotta di Classe, órgano portavoz del Partido Socialista, y resultó denunciada por las autoridades por «instigación al odio entre las clases».

6. Giovanni Sottocornola. Gioie materne [Alegrías maternas]. 1894.

7. Giovanni Segantini. L’angelo della vita [El ángel de la vida]. 1894-1895.

LA DERIVA SIMBOLISTA. UNA «PINTURA DE IDEAS»

Los protagonistas del divisionismo se fueron aproximando progresivamente a los presupuestos del simbolismo, movimiento cuya difusión crecía en toda Europa. A raíz de ello, se concentraron en la plasmación de temas universales, las «ideas», tratando de indagar en los misterios del tiempo, de la vida, del amor y de la muerte.

Uno de los motivos predilectos de Segantini fue el de la maternidad; tratado primero en Le due madriy posteriormente retomado en L’angelo della vita, sugerente transfiguración alegórica en la que el grupo de la madre con el hijo, sustentado en un gran árbol retorcido, se encuentra en el centro de un paisaje fantástico, realizado mezclando polvo de oro y de plata con las pinceladas divisionistas. Más allá del mundo real, en un fascinante espacio cósmico, morada de las «ideas» y los secretos del tiempo, se mueven las muchachas que en La danza delle ore de Previati evocan la magia del homónimo y popularísimo fragmento de la Gioconda de Ponchielli.

8. Gaetano Previati. La danza delle ore [La danza de las horas]. 1899.

9. Gino Severini. Le marchand d’oublies [El vendedor de barquillos]. 1909.

9. Gino Severini. Le marchand d’oublies [El vendedor de barquillos]. 1909.

CAMINO DEL FUTURISMO

A principios del siglo XX, las teorías divisionistas se convierten en el lenguaje común a todos los pintores que devendrán futuristas, fundamentalmente gracias al papel de Giacomo Balla, que a principios de siglo fue maestro de Umberto Boccioni y Gino Severini.

Balla se había aproximado al puntillismo francés con ocasión de su estancia en París en 1900, reelaborando la técnica aprendida de los postimpresionistas con gran libertad, pero manteniendo el interés por la captación de la luz natural. Esta atención a la luz, desarrollada a partir del contraste de las figuras a contraluz se aprecia en Artemisia (fanciulla), controluce, cuadro en el que la técnica divisionista se aplica al pastel, en escenas de interior que representan la vida doméstica.

De Previati, Boccioni toma la libertad cromática y el progresivo desinterés por la luz como dato natural, lo que se traducirá en una serie de retratos cuyo tema predilecto será su madre, Cecilia, en los que la luz se descompone en pinceladas azules, lilas, rosas, verdes, como en Nudo di spalle. Al mismo tiempo, descubre en Milán la ciudad industrial en pleno crecimiento y los barrios periféricos, que acabarán siendo uno de los temas recurrentes. De las visiones luminosas de las periferias salpicadas de chimeneas que protagoniza Sera d’aprile, pasará más adelante a la frenética ciudad nocturna iluminada por la luz eléctrica. Igualmente, esta energía comprimida se cierne sobre los suburbios pintados por Russolo como en Periferia-lavoro, mientras que los panoramas parisinos pintados por Severini con técnica puntillista cederán su puesto a obras de clara influencia cubista.

10. Umberto Boccioni. Nudo di spalle (Controluce) [Desnudo de espaldas (Contraluz)]. 1909.

11. Luigi Russolo. Periferia-lavoro [Periferia-trabajo]. 1910.

LA PINTURA FUTURISTA. 1910-1915

«La magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza: la belleza de la velocidad. […] un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla es más bello que la Victoria de Samotracia», proclamaba el Manifiesto del futurismo publicado por Marinetti en Le Figaro el 20 de febrero de 1909. A la llamada se sumaron Boccioni, Carrà, Balla, Severini y Russolo, que en abril del año siguiente firmaban La pintura futurista. Manifesto tecnico, en el que proclamaban que «no puede existir pintura sin divisionismo», señalando a la formación divisionista como punto de partida del movimiento.

A partir de su viaje a París en 1911 donde conoció el cubismo de Picasso y Braque, Boccioni comenzó a trabajar el espacio pictórico a través de la fragmentación de los objetos, lo que le permitiría alcanzar un equilibrio entre el dinamismo futurista y la descomposición de los volúmenes del cubismo. El papel fundamental de esta actualización del cubismo lo había desempeñado Severini, que se había trasladado en 1906 a París. La sensación de un dinamismo espacial producido por el movimiento de los objetos está en la base de sus obras, donde la búsqueda de la luminosidad y el movimiento se traduce en composiciones como en Ritratto di Madame S.

13. Gino Severini. Ritratto di M. S. [Retrato de M. S.]. 1913-1915.

12. Carlo Carrà. Ciò che mi ha detto il tram [Lo que me ha dicho el tranvía]. 1911.

Balla sin embargo era un pintor consolidado cuando se adhirió al futurismo. En 1913 subastó sus pinturas passatiste [«pasadistas», en contraposición a futuristi, «futuristas»] para convertirse en «Futur-Balla», como empezó a firmar. Balla investiga el movimiento mecánico y el efecto de la desmaterialización de los cuerpos por obra de la velocidad, representado en Velocità d’automobile.

Más información

Información sobre las imágenes:

  1. Óleo sobre lienzo. Colección particular.
  2. Óleo y lápiz sobre papel entelado. Mart. Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Rovereto. Depósito de colección particular.
  3. Óleo sobre lienzo. Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.
  4. Óleo sobre lienzo. Otto Fischbacher / Giovanni Segantini Foundation. En depósito permanente en el Segantini Museum, St. Moritz.
  5. Óleo sobre lienzo. Museo del Territorio Biellese, Biella.
  6. Óleo sobre lienzo. Colección del Palazzo Foresti, Carpi.
  7. Acuarela, polvo de oro y de plata, carboncillo y óleo sobre papel. Museum of Fine Arts, Budapest.
  8. Óleo y tèmpera sobre lienzo. Fondazione Cariplo, Gallerie d’Italia-Piazza Scala, Milán.
  9. Óleo sobre lienzo. Colección particular, Milán.
  10. Óleo sobre lienzo. Mart. Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Rovereto.

Colección L. F.

  1. Óleo sobre lienzo. Colección particular, Erba.
  2. Óleo sobre lienzo. Mart. Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Rovereto.

Colección VAF-Stiftung.

  1. Pastel sobre cartulina pegada a lienzo. Mart. Museo di Arte Moderna e Contemporanea di Trento e Rovereto, Rovereto. Colección L. F.
VALORACIÓN

El camino de Italia hacia la «modernidad»

BEATRICE AVANZI Y FERNANDO MAZZOCCA

Comisarios de la exposición

Fernando Mazzocca, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Milán, es uno de los principales expertos en arte italiano de los siglos XVIII y XIX. Ha publicado numerosos libros y comisariado importantes muestras. Su extensa producción científica también se extiende a la historia del coleccionismo, la literatura o la música.

Beatrice Avanzi, Historiadora del Arte Contemporáneo por la Universidad Católica de Milán, está especializada en el arte italiano de los siglos XIX y XX. Ha comisariado diversas exposiciones en el Mart, y desde abril de 2012 es conservadora en los Musées d’Orsay y de l’Orangerie.

Después de la exposición dedicada a los «macchiaioli», pintores toscanos que revolucionaron el lenguaje artístico italiano del siglo XIX al tiempo que luchaban por la unidad del país, nuestro deseo era dar a conocer las etapas siguientes de este viaje de Italia hacia la «modernidad».

Constituida como estado unificado en 1861, Italia pasó a vivir un periodo fecundo y complejo. El divisionismo, movimiento en boga en la última década del siglo XIX, contribuye no solo a la superación de la tradición académica decimonónica, sino que también sienta las bases para la profunda revolución que supone el futurismo.

Sin embargo, el divisionismo es aún poco conocido fuera de Italia. A menudo asociado, con una lectura crítica unívoca, al puntillismo francés, en realidad cuenta con orígenes propios y una especificidad de intenciones que refleja bien la situación social y cultural italiana de fines del siglo XIX.

Los estudios sobre la descomposición de la luz y el color, introducidos en Italia por Vittore Grubicy de Dragon, se convierten en el medio para expresar las dos «almas» del divisionismo, dedicadas a afirmar respectivamente la identidad del país y su voluntad de ponerse al día de las tendencias europeas. Por una parte, existe la preocupación por la «cuestión social» y las condiciones de vida de los más humildes, expresadas con fuerza y poesía en la serie de los viejos de Angelo Morbelli, las niñas (piscinineen lombardo) de Emilio Longoni o en las pinturas de fuerte carácter humanitario de Pellizza da Volpedo. Por otra en los estudios simbolistas de Gaetano Previati y Giovanni Segantini, la luz, transmutada con la técnica divisionista se convierte en el medio para expresar la presencia divina en la naturaleza {Segantini) o en el propio sujeto de sugestivas imágenes alegóricas {Previati).

En numerosas obras las dos tendencias conviven en un singular equilibrio, típico de los divisionistas italianos y único en el panorama europeo, infundiendo vida a una transcripción de la realidad suspendida entre lo verdadero y lo simbólico. Ejemplo de ello en la exposición son las obras de Pellizza, Morbelli, Mentessi y Fornara.

Todas estas propuestas inspiran a los jóvenes artistas deseosos de lanzar «un grito de descarada y abierta rebelión al gris panorama artístico de nuestro país» (Carrà). Ellos sabrán transformar estas premisas en un lenguaje profundamente revolucionario, reafirmándose en los propósitos expresados por Filippo Tommaso Marinetti en su Manifiesto Futurista, publicado en Le Figaro en 1909. Giacomo Balla, Umberto Boccioni, Carlo Carrà, Luigi Russolo y Gino Severini lo firman en 1910, constituyéndose en los fundadores de la pintura futurista.

Para los jóvenes futuristas, el estudio de la sensación luminosa y del movimiento contribuye a liberar la pintura de las restricciones figurativas, con estilos próximos a la abstracción. Severini convierte su propio estudio del movimiento, analizado en los café-chantants y en los locales nocturnos, en la compenetración de formas puras de color y luz. Boccioni estudia la «forma dinámica única, que sea la síntesis del dinamismo universal» mediante la fusión de las figuras con el entorno, disolviendo la forma en manchas de color encendidas por tonos puros y divididos.


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