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Bernt Aasen

Bernt Aasen

por In Entrevista, Portada Todos En 16 marzo, 2015



Garantizar a un niño sus derechos contribuye a fortalecer la democracia y a crear una sociedad más justa

América Latina y el Caribe es la región del mundo con más desigualdades, donde cuatro de cada diez niños y adolescentes viven en situación de pobreza. Contribuir a reducir estas cifras es uno de los objetivos de FUNDACIÓN MAPFRE que, a través de su programa Formando Comunidad, del que se benefician ya 90.000 personas de 20 países, ayuda a mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes en riesgo de exclusión social. También son las prioridades del noruego Bernt Aasen, máximo responsable de esta región en UNICEF, institución volcada en desarrollar programas que garanticen la nutrición, la asistencia médica y la educación en estos países.

Autora: Nuria del Olmo | Fotos: Victoria Murillo

Como máximo responsable en estos países, ¿qué labor desempeña? ¿Con qué objetivos y con qué medios?

La labor principal de esta Oficina Regional es la de supervisar y ofrecer asistencia técnica a las 24 oficinas que trabajan en estos países para lograr nuestro principal objetivo, que no es otro que apoyar a los países donde personas, que son el principal recurso a la hora de lograr nuestros objetivos.

¿Cuáles son las necesidades más urgentes a las que se enfrentan?

América Latina y el Caribe es una de las zonas más desiguales del mundo. Aquí, el 40 por ciento de niños y adolescentes vive en la pobreza y más de 80 millones de personas viven con menos de 2,5 dólares al día. Por ello, nuestro trabajo está enfocado especialmente a asegurar que los niños de las familias con menos recursos tengan garantizado igualmente su acceso a servicios de salud, educación de calidad y protección frente a toda forma de violencia.

¿Cómo están contribuyendo desde su organización a reducir la pobreza?

La inversión en la primera infancia, en la educación preescolar y en todo un sistema educativo de calidad representa la principal oportunidad para que los miembros de las familias más pobres puedan salir del círculo vicioso de la pobreza entre generaciones. Esas son algunas de nuestras prioridades, y a ellas dedicamos gran parte de nuestro trabajo y esfuerzos.

Bernt Aasen

«Las familias están convencidas de que la escuela es la clave para que sus hijos puedan progresar y salir de la pobreza»

© UNICEF PERÚ / 2013

© UNICEF PERÚ / 2013

¿Con qué dificultades se encuentran?

Las inversiones en los sectores y programas sociales de estos países no son suficientes y actualmente se encuentran muy por debajo del promedio de la Unión Europea. En este sentido, buena parte de nuestro trabajo consiste en lograr una mayor inversión en estos sectores y, particularmente, en los vinculados a la educación.

Con motivo del 25º aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño fue elegido para valorar la situación de los niños en América Latina. ¿Cuáles fueron sus principales reflexiones?

Echando la vista atrás, creo que podemos decir que hoy existe un conocimiento mucho mayor de lo que son los derechos de la infancia, y cada vez son más las personas que exigen su cumplimiento. Verdaderamente estamos viviendo un cambio cultural, donde todas las poblaciones, incluyendo las familias más pobres, se consideran sujetos de derecho como les corresponde.

¿Cómo cree que se puede avanzar en la lucha por la defensa de los derechos de la infancia? ¿Queda mucho recorrido?

Durante los últimos 25 años hemos visto grandes avances en casi todos los indicadores que utilizamos para medir el bienestar de la infancia. Por ejemplo, la desnutrición crónica infantil se ha reducido a la mitad en dos décadas, o el número de menores matriculados en la escuela primaria es ya del 95 por ciento, pero sí, claramente queda camino por recorrer. Debemos seguir trabajando para reducir los 22 millones de niños que están fuera de la escuela o en riesgo de abandonarla y disminuir esos cuatro millones de menores que no tienen registro de nacimiento y que, por lo tanto, no existen oficialmente. También destacaría el desafío de asegurar los derechos de la niñez indígena y de otros grupos en situación de exclusión.

«Lamentablemente, en muchos casos aún no existe la voluntad política suficiente para realizar las inversiones necesarias que garanticen la protección de la infancia»

ent-05-bernt-aasen-marzo-15Bernt Aasen nació en Oslo (Noruega) el 31 de enero de 1956. Es Licenciado en Historia, Literatura, Idiomas y Pedagogía Social por la Universidad de Oslo. Desde 1987, año en el que empezó a trabajar en UNICEF, ha desempeñado varios cargos de responsabilidad en esta entidad. En América Latina, ejerció de Representante de UNICEF en Nicaragua, México y en otros países.

De 2004 a 2006, dirigió los programas conjuntos de Naciones Unidas en la Estrategia de Desarrollo Nacional de Afganistán, en calidad de Representante de UNICEF en dicho país, y ejerció de Coordinador Adjunto de Naciones Unidas para cuestiones humanitarias, así como de Jefe de la Operación Supervivencia en Sudán.

Entre 2006 y 2007 fue Asesor Superior y Director Adjunto Interino en la Oficina de Programas de Emergencia y Director a cargo de temas de coherencia de Naciones Unidas. En 2007, fue nombrado Director y Jefe de Personal en Nueva York y en agosto de 2009 fue designado Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe, cargo que ejerce en la actualidad desde Ciudad de Panamá, donde reside.

 

«Hoy existe un conocimiento mucho mayor de lo que son los derechos de la infancia y cada vez son más las personas que exigen su cumplimiento»

© UNICEF PERÚ / 2013

© UNICEF PERÚ / 2013

¿Cuál ha sido, en su opinión, uno de los avances más significativos en favor de los derechos de la infancia?

Tal vez uno de los avances más importantes es que hemos logrado un cambio cultural y se tiene mayor conciencia sobre la importancia de la educación para la infancia. Hoy, hasta en las zonas más remotas de la región, los padres y madres están convencidos de que la escuela es la clave para que sus hijos puedan progresar y salir de la pobreza.

Ha destacado en alguna ocasión que para muchos niños la exclusión social comienza cuando no tienen acceso a espacios para jugar y practicar deporte. ¿Qué medidas están promoviendo para avanzar en esta línea?

Los países de América Latina y el Caribe están viviendo un proceso muy acelerado de urbanización. Tanto es así que el 80 por ciento de esta población ya vive en ciudades. Lamentablemente, hay ocasiones en que cuanto más grandes son las ciudades, menos espacios existen para que los más pequeños jueguen y practiquen depor­te de manera segura. Por ello estamos trabajando junto a diversas alcaldías de la región a través de la iniciativa Vamos Jogar, dirigida a asegurar a todos los niños, incluyendo a quienes tienen alguna discapacidad, el acceso a instalaciones accesibles y a programas deportivos que les permitan desarrollar su potencial al máximo.

¿Cómo vivió usted su llegada a Latinoamérica? ¿Qué es lo que más le llamó la atención y en lo que primero se puso a trabajar?

Comencé mi carrera en UNICEF en Honduras, en el año 1987. Por aquel entonces me impactó mucho conocer la vida de los niños que vivían en los barrios urbanos marginales, tanto por la baja calidad de sus viviendas, como por la cantidad de basura que se acumulaba en su entorno, la falta de agua potable y las grandes distancias que tenían que recorrer para asistir a la escuela. Mi primer interés fue conocer a fondo su realidad y descubrir cómo UNICEF, que hasta entonces había estado más presente en zonas rurales, podía trabajar para los niños más pobres de las ciudades.

La precariedad en las familias conduce en muchos casos al abandono y a toda clase de abusos en la infancia. ¿Cómo se están planteando luchar contra esta realidad?

Los padres siempre quieren el mejor futuro para sus hijos, sean pobres o pertenezcan a una clase media o alta. Lo que ocurre es que, en ocasiones, el analfabetismo o determinadas creencias ancestrales provocan que los patrones de educación no sean los más adecuados. Por este motivo defendemos programas específicos de educación para la convivencia y otros para acercar a los padres a la escuela, como parte de un proceso necesario para el fortalecimiento democrático de la educación.

¿Cree que las niñas sufren con mayor intensidad este tipo de drama?

Sí, las niñas son siempre doblemente discriminadas y las más vulnerables ante todo tipo de abuso, incluido el de índole sexual. En Latinoamérica, entre el 10 y el 36 por ciento de las mujeres y adolescentes ha sufrido algún tipo de violencia física o sexual. Es además la región del mundo donde las niñas comienzan a mantener relaciones sexuales desde una edad más temprana, lo que se traduce en que casi el 20 por ciento de los partos es de madres adolescentes o que tres de cada diez mujeres jóvenes se casaron antes de los 18 años. Es preocupante que, a pesar de los avances registrados en la educación de las niñas, el sistema escolar sigue reforzando en ocasiones muchos estereotipos que no contribuyen a terminar con la discriminación y la desigualdad de género.

¿Considera que existe mayor concienciación en estos países a la hora de proteger la infancia?

Sí, pero lamentablemente en muchos casos aún no existe la voluntad política suficiente para realizar las inversiones necesarias que garanticen este objetivo. Por desgracia, invertir en proyectos de infraestructura visible que beneficien a familias con mayores ingresos es a veces más importante para algunas autoridades que invertir en sectores e iniciativas sociales destinadas a quienes más lo necesitan, especialmente niñas y niños.

¿Cómo cree que se puede construir una sociedad más equitativa?

Pensamos que hay que continuar fortaleciendo una cultura de derechos humanos y fomentando que la propia población con mayores necesidades sea la que demande esa inversión necesaria en servicios. En UNICEF siempre decimos que «un país que piensa en grande, invierte en los más pequeños», ya que no sólo supone garantizarles su bienestar en los primeros años, sino que va a permitir el desarrollo de sus capacidades y de competencias que necesitará en su vida adulta. Garantizar que un niño o niña disfrute de todos sus derechos y pueda ser miembro activo de la sociedad, contribuirá sin duda a fortalecer la democracia y a crear una sociedad más justa para todos.


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