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Ejercicio, la mejor medicina

Ejercicio, la mejor medicina

por In Salud En 13 marzo, 2015


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Autor: Charo Barroso Fotos: Latinstock

Natación en vez de analgésicos, running en lugar de ansiolíticos, una buena caminata a cambio de antidepresivos… El ejercicio es clave para mantener un buen estado de salud y combatir las grandes enfermedades del siglo XXI como la hipertensión, diabetes o las enfermedades cardiovasculares.  El reto: que los médicos prescriban, entre sus recetas, la actividad física

A pesar de que la práctica de ejercicio es cada vez más común y de que somos más conscientes de sus beneficios, España sigue situándose entre los países europeos con mayor sedentarismo entre la población adulta. Según los datos recogidos por la European Heart Network y la Fundación Española del Corazón, el 42 por ciento de los mayores de 18 años reconoce que no realiza ninguna actividad física durante la semana, muy alejados el 6 por ciento de Suecia o el 7 de Finlandia. Y sólo superados por Grecia, con el 67 por ciento, Bulgaria con el 58 y Portugal con el 55 por ciento.

Miles de muertes podrían evitarse si cada europeo dedicase 20 minutos diarios al ejercicio

Las consecuencias de una vida sin actividad física son peligrosas: aumenta la probabilidad de padecer cáncer, enfermedades coronarias, diabetes tipo 2, muerte prematura… Inactividad que, además, genera a nuestro país un gasto sanitario de 990 millones de euros, según el informe de la Asociación Internacional de Deporte y Cultura. Un hábito poco saludable que a nivel europeo se relaciona con cerca de medio millón de muertes al año y provoca un gasto de 80.400 millones de euros que, según los expertos, podrían ahorrarse solo si cada europeo dedicase 20 minutos al ejercicio diario.

Ante este panorama urge un cambio de actitud. Por ello, desde Fundación MAPFRE se insiste en que la actividad física es el mejor fármaco en la prevención y el tratamiento de muchas enfermedades crónicas y apuesta, apoyando iniciativas como el curso Actívate, Aconseja Salud, organizado en colaboración con el Consejo Superior de Deportes, y la Organización Médico Colegial, por la prescripción del deporte en las consultas de Atención Primaria.

Píldoras de deporte

España sigue siendo, a pesar del copago, el segundo país del mundo que más medicamentos consume, solo superado por Estados Unidos. Somos el país europeo con más farmacias por número de habitante y se expiden al año una media de 18 recetas por persona. Un panorama en el que parece difícil trazar un importante camino: que los médicos prescriban deporte a sus pacientes, de la misma manera que recetan medicamentos. Comienzan a darse los primeros pasos y la idea se hace extensiva, aunque queda mucho camino por delante.

Los beneficios de la actividad física son señalados por los expertos: reduce la hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades coronarias, previene algunos tipos de cánceres, reduce la obesidad, mejora la capacidad cardiorrespiratoria, refuerza huesos y músculos, la calidad del sueño y previene el riesgo de muerte temprana.

Uno de los científicos más importantes de las ciencias del ejercicio, Alejandro Lucía, catedrático de Fisiología en la Universidad Europea de Madrid, explica los efectos positivos del ejercicio sobre la salud. Cuando hacemos ejercicio, los músculos liberan a la sangre sustancias denominadas mioquinas, que se consideran fármacos en potencia, ya que llegan a órganos y tejidos como el corazón, el cerebro, el intestino… con efectos beneficiosos o reparadores. Por ejemplo ayudan a reducir la grasa intra abdominal que provoca inflamación crónica que, a su vez, es factor desencadenante de algunas enfermedades como la diabetes tipo 2, cardiovasculares, algunos cánceres, depresión o demencias.

Sustancias como la interleuquina-6 que tiene efectos antiinflamatorios y regula los niveles de azúcar, o la SPARC capaz de reducir el crecimiento de tumores en el colon. Lucía señala que «algunas mioquinas son incluso capaces de entrar en el cerebro y llegar a sus regiones más deterioradas por la enfermedad de Alzheimer». Además, el ejercicio estimula la liberación de células madre a la sangre, que tienen un efecto regenerativo en algunos tejidos, como el corazón dañado por un infarto. Pero además, los estudios realizados por este experto demuestran que la práctica de ejercicio mejora la calidad de vida incluso de pacientes con cáncer.

SABÍAS QUE…

Dedicar menos de 200 minutos semanales a alguna actividad física envejece. La inactividad provoca un acortamiento de los telómeros de las células que forman el sistema inmunológico. Y cuanto más pequeñas son esas zonas del ADN humano, más anciano se es a nivel biológico, según confirman científicos del King´s College de Londres. Nuestros genes han cambiado poco en los últimos 40.000 años. Si quisiéramos mantener un estilo de vida acorde a nuestra biología, deberíamos caminar unas cuatro horas al día como hacían nuestros antepasados en el paleolítico.

Entrenando el cerebro

Caminar, correr, nadar, hacer pesas, montar en bicicleta… regenera no sólo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente. Y es que no le falta razón al dicho de Mens sana in corpore sano ya que realizar ejercicio también mejora la memoria, favoreciendo la plasticidad cerebral y atenuando el deterioro cognitivo, algo crucial en una sociedad con la población cada vez más envejecida. Se ha constatado que durante el ejercicio, cuando los músculos comienzan a contraerse y relajarse, se envían al cerebro sustancias químicas como la proteína IGF-1, lo que es interpretado como un momento de estrés del que debe protegerse. En respuesta, éste libera sustancias químicas para cuidar de las células nerviosas, fortalecer las del cerebro y a crear nuevas conexiones.

Una de las sustancias más importantes es lo que los científicos denominan factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que fomenta la capacidad plástica, por eso cuando se acaba de hacer deporte el cerebro tiene mayor capacidad para aprender. No obstante, los expertos señalan que a lo largo de la vida es necesario el ejercicio de manera regular para cargar nuestro cerebro y que esta «batería» pueda ser utilizada en situaciones críticas o para minimizar el impacto de enfermedades como el Alzheimer propias de la vejez. Pero además, puntualizan que los deportes que aúnan coordinación y pensamiento tienen mejores efectos sobre la plasticidad neuronal.

ACTÍVATE, ACONSEJA SALUD

Su lema lo dice todo. La prescripción, y no sólo la recomendación, de actividad física ha de convertirse en una práctica habitual para los profesionales de la sanidad pública. Son los que mejor conocen la situación de sus pacientes: las limitaciones derivadas de su patología, su disponibilidad de tiempo, sus preferencias, su situación personal… como para poder recomendarles ejercicios que fomenten un hábito de vida saludable y mejoren su estado de salud.

Para ello, nada como ofrecer la formación necesaria a los profesionales de atención primaria, médicos y otros sanitarios, para que puedan aconsejar ejercicio físico apersonas con factores de riesgo y patologías, para proporcionar salud y prevenir enfermedades y lesiones. Exactamente lo que realiza Actívate, un curso organizado por Fundación MAPFRE en colaboración con el Consejo Superior de Deportes y la Organización Medico Colegial, por el que ya han pasado en sus tres ediciones más de 1.500 profesionales.

Cuanto más mejor

No hace falta prepararse para la maratón de Nueva York ni cruzar a nado el Estrecho para sentir los beneficios del deporte. Por supuesto, mejor si se practica de manera habitual alguna disciplina, pero caminar de manera rápida, subir las escaleras en vez de coger el ascensor, cargar con la compra, sacar al perro… también es actividad física. La Organización Mundial de la Salud recomienda que una persona debe realizar a la semana un mínimo de 150 minutos de ejercicio físico. Eso sí, hablamos de actividad vigorosa, «caminar despacio no sirve, hay que forzar, sentir el esfuerzo. Un buen nivel serían 450 minutos semanales. Siempre con sentido común, cuanto más mejor», explica Alejandro Lucía, quien deja claro que, tras un entrenamiento gradual, es más saludable caminar tres horas que treinta minutos al día, aunque sea en tandas de 20 o 30 minutos. La mejor fórmula: combinar ejercicio cardiovascular con ejercicio de fuerza. No existe el deporte perfecto, sino el más adecuado a cada persona.

Ejercicio: la polipíldora de nuestro siglo

ALEJANDRO LUCÍA
Doctor en Medicina y Catedrático de Fisiología Humana y del Ejercicio de la Universidad Europea de Madrid

Alejandro Lucía conoce a la perfección los enormes beneficios que la actividad física proporciona a nuestro cuerpo y cerebro. Además, predica con el ejemplo: cada día aparca su coche en la planta menos cuatro y sube las escaleras hasta su despacho en la sexta planta del hospital.

ALEJANDRO LUCÍA Doctor en Medicina y Catedrático de Fisiología Humana y del Ejercicio de la Universidad Europea de Madrid

«Todos los hospitales
deberían tener
su gimnasio.
El ejercicio no debe ser algo alternativo, sino
fundamental
sobre todo
en la prevención»

La medicina intenta poner freno a las enfermedades cardiovasculares combinando medicamentos en una sola pastilla, ¿es la polipíldora para prevenir infartos la solución?
—Los avances farmacológicos resultan esperanzadores, pero olvidamos que la actividad física tiene un gran efecto polipíldora, y que además es algo natural, sencillo, fácil de incorporar al día a día y sin apenas efectos secundarios. Por ejemplo, tomar una aspirina infantil a diario es beneficioso para nuestro sistema circulatorio, pero una sobredosis puede ser letal. Por el contrario, caminar dos horas es mejor que caminar 30 minutos. El ejercicio es el único «fármaco» con un efecto dosis-respuesta, porque cuanto más acumulemos a lo largo del día mucho mejor.

¿Hablamos de recetar ejercicio?
—Sí, no se trata sólo de recomendar, sino de prescribir ejercicio. Tenemos un sistema de atención primaria estupendo, sería excelente que los médicos incorporaran la actividad física al tratamiento de los pacientes. Potenciaría la acción de muchos fármacos, se trata de complementar en el caso de personas con enfermedades y de prevenir en aquellas que aún no las han desarrollado.

Algunas comunidades han ido dando los primeros pasos, ¿podemos ser optimistas?
—Las estadísticas no sugieren mucho optimismo. Se necesita un cambio general, en las facultades no se enseña a los médicos a prescribir actividad física, y dudo que en el mejor hospital del mundo se utilice la actividad física a su máxima capacidad como se utilizan los mejores instrumentos médicos. Todos los hospitales deberían tener su gimnasio. El ejercicio no debe ser algo alternativo, sino fundamental sobre todo en la prevención.

Ejercicio en cualquier circunstancia…¿contraindicaciones?
—No las hay en sentido absoluto, existen precauciones, por ello es importante que un profesional médico pueda prescribir el ejercicio adecuado. Pero ante un panorama en el que un tercio de los adultos del planeta son inactivos deberíamos poner el acento en la necesidad de comenzar a movernos antes de fijar cuándo parar, ese no es el problema, sino la epidemia de gente que no hace ejercicio. Además, se habla más de cuestiones de dieta y del abandono de hábitos nocivos que de ejercicio físico.

Ha hablado del sedentarismo en adultos, ¿y las nuevas generaciones?
—Lo recomendable para un niño es una hora diaria de juego activo, algo muy alejado de los hábitos actuales. Jugar en la calle ya no forma parte de la vida y en cambio proliferan las extraescolares de fútbol, baloncesto, pádel, tenis… Pero es diferente, conlleva una idea de competición donde lo importante son los niños que destacan y se acaba relegando al menos capacitado, creando sedentarios.

¿El ejercicio alarga la vida?
—Los deportistas de élite son más longevos que la población general. La actividad física regular es una garantía para cumplir años con mayor independencia. En las personas mayores un problema frecuente es la sarcopenia, la pérdida de masa y función muscular. Y para ello no existe ningún fármaco, sólo el ejercicio de fuerza. Y muy pocos saben que somos capaces de mejorar nuestra fuerza muscular hasta el final de nuestros días.


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