Revista LA FUNDACIÓN

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El triunfo del color

El triunfo del color

por In La Muestra En 12 marzo, 2015


Vincent Van Gogh. Portrait de l'artiste, otoño, 1887. [Autorretrato]. Musée d´Orsay, París. Donación de Jacques Laroche en 1947. © Musée d'Orsay, Dist. RMNGrand Palais / Patrice Schmidt.

«Vincent Van Gogh.Portrait de l’artiste, otoño, 1887. [Autorretrato]. Musée d´Orsay, París. Donación de Jacques Laroche en 1947. © Musée d’Orsay, Dist. RMNGrand Palais / Patrice Schmidt.

DE VAN GOGH A MATISSE

COLECCIONES DE LOS MUSEOS D’ORSAY Y DE L’ORANGERIE

El siglo XIX se caracteriza por la progresiva e incontenible invasión del color sobre la primacía del dibujo que había gobernado el arte hasta entonces. Ya en los años cincuenta de 1800, Charles Baudelaire anotaba en sus diarios: «Quisiera unas praderas pintadas de rojo, unos árboles azules: la naturaleza carece de imaginación». El color desbordaría poco a poco las líneas, se expandiría y ocuparía la superficie del lienzo.

 

Sala de exposiciones Fundación MAPFRE. Carrer de la Diputació, 250. Barcelona.
Del 10 de octubre de 2015 al 10 de enero de 2016.

Fundación MAPFRE presenta en su nueva sala de Barcelona El Triunfo del Color. De Van Gogh a Matisse. Colecciones de los Museos d’Orsay y de l’Orangerie. La nueva sala acogerá, a partir de ahora, las propuestas expositivas en torno a la pintura y la fotografía contemporánea que la Fundación realiza desde hace más de tres décadas y que han hecho de ella una de las instituciones culturales españolas de mayor proyección y reconocimiento tanto nacional como internacional. La exposición ha sido organizada por Fundación MAPFRE con la colaboración científica y los préstamos excepcionales de los museos d’Orsay y de l’Orangerie.

Tras el impresionismo, la pintura eclosiona y la visión personal del artista se impone; los artistas presienten que el color expresa algo por sí mismo y se lanzan a descubrirlo; como ellos mismos plasman en su correspondencia y diarios, poco a poco se van distanciando de la naturaleza para acercarse a la abstracción del color.

«Pintar […] es dejar grabadas las sensaciones coloreadas que se tienen», afirmó Cézanne y así lo recogería Émile Bernard, albacea de sus palabras. Son precisamente esas «sensaciones coloreadas» las que entretejen el hilo conductor de esta exposición, que ilustra a través de las obras maestras de la época la evolución del empleo del color. En un breve arco temporal de apenas quince años –entre 1885 y 1900– se produjo una aceleración incontrolable del lenguaje pictórico, fruto de la confluencia de arrolladoras experiencias personales, donde el color adquirió un papel primordial, imponiendo una nueva manera de acercarse y mirar el mundo.

Henri Matisse. Odalisque à la culotte rouge, 1924-25. [Odalisca con bombachos rojos]. Musée de l´Orangerie. Comprado a Mme Jean Walter con al participación de la Société des Amis du Louvre, 1963. © RMN-Grand Palais (musée de l'Orangerie) / Michel Urtado / Benoit Touchard. © Succession H. Matisse, VEGAP, 2015.

Henri Matisse. Odalisque à la culotte rouge, 1924-25. [Odalisca con bombachos rojos]. Musée de l´Orangerie. Comprado a Mme Jean Walter con al participación de la Société des Amis du Louvre, 1963. © RMN-Grand Palais (musée de l’Orangerie) / Michel Urtado / Benoit Touchard. © Succession H. Matisse, VEGAP, 2015.

La exposición presenta un recorrido por más de setenta obras que muestran cómo el color se convierte en un camino para llegar desde el Impresionismo a la pintura de vanguardia; en ella, confluyen una cuidada selección de obras de grandes nombres como Vincent van Gogh, Paul Gauguin, Georges Seurat, Paul Signac, Pierre Bonnard, Édouard Vuillard, Paul Cézanne, André Derain o Henri Matisse, con otros menos conocidos, como Charles Angrand, Georges Lemmen o Félix Vallotton, que hacen de esta ocasión un acontecimiento único para adentrarse en profundidad en este periodo de efervescencia creativa.

«El color puro. A él hay que sacrificarlo todo. El color tal y como es, es enigmático en las sensaciones que despierta en nosotros. Por tanto, también hay que utilizarlo de forma enigmática, cuando nos servimos de él: no para dibujar, sino por los efectos musicales que parten de él, de su naturaleza peculiar, de su fuerza interior, misteriosa, inescrutable (…)»

 

Paul Gauguin

El origen del término Postimpresionismo se remonta a 1910 cuando la Galería Grafton abría sus puertas con la exposición Manet y los Postimpresionistas. La exposición, organizada por el crítico británico Roger Fry, estaba dedicada a la pintura francesa del siglo XIX y presentaba principalmente obras de Cézanne, Gauguin y Van Gogh. Esta época es un momento complejo que engloba experiencias tan personales como las de Paul Cézanne, Van Gogh, Odilon Redon y Toulouse-Lautrec, al igual que los movimientos nacidos del impresionismo o surgidos como reacción contra él.

En 1886 tuvo lugar la octava y última exposición impresionista, fecha crucial que marcó el punto de inflexión entre el epílogo del impresionismo y el surgimiento de lo que se ha dado en llamar postimpresionismo. Este año fue sin duda una fecha clave en las vidas de los protagonistas de la época: la muerte del padre de Cézanne, que permitió que el artista se sintiera con plena libertad para centrarse en su pintura y se erigiera como nexo fundamental entre ambos movimientos; el viaje de Van Gogh a París, que se trasladaría a vivir con su hermano Theo y donde conoció a Toulouse- Lautrec, Louis Anquetin y Émile Bernard; y el decisivo retiro de Gauguin a Pont-Aven que desembocaría en el nacimiento del sintetismo colorista.

EL COLOR CIENTÍFICO

Georges Seurat. Port-en-Bessin, avant-port, marée haute, 1888. [Port-en-Bessin, antepuerto con pleamar]. Musée d´Orsay, París. Adquirido con los fondos de una donación anónima canadiense, 1952. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski.

Georges Seurat. Port-en-Bessin, avant-port, marée haute, 1888.[Port-en-Bessin, antepuerto con pleamar]. Musée d´Orsay, París. Adquirido con los fondos de una donación anónima canadiense, 1952. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski.

Henri-Edmond Cross. Après-midi à Pardigon, 1907. [Tarde en Pardigon]. Musée d’Orsay, París. Donación de la condesa Vitali en memoria de su hermano el vizconde Guy de Cholet, 1923. Depositado en el Musée des Beaux-Arts de Nancy. © RMNGrand Palais (musée d'Orsay) / Gérard Blot.

Henri-Edmond Cross. Après-midi à Pardigon, 1907. [Tarde en Pardigon]. Musée d’Orsay, París. Donación de la condesa Vitali en memoria de su hermano el vizconde Guy de Cholet, 1923. Depositado en el Musée des Beaux-Arts de Nancy. © RMNGrand Palais (musée d’Orsay) / Gérard Blot.

Esta sección de la exposición presenta una selección de obras que se apoyan en los estudios del color desarrollados por el químico Chevreul que se convirtieron en una referencia entre los pintores y supusieron la base teórica de la que partieron muchas de las investigaciones en torno al color realizadas por los artistas en las últimas décadas del siglo XIX, destacando el movimiento designado por Félix Feneón como Neoimpresionista, encabezado por Seurat.

La técnica del puntillismo concebida por Seurat consiste en la yuxtaposición de puntos de color, primarios o complementarios, con el fin de intensificar su brillo y potenciar la solidez de los tonos; de modo que los colores en lugar de unirse en la paleta se mezclan en la retina del espectador. En palabras de Signac, teórico e impulsor del movimiento a la prematura muerte de Seurat: «Los pintores neoimpresionistas son los que han instaurado y desarrollado, a partir de 1886, la técnica llamada divisionista al emplear como expresión la mezcla óptica de los tonos y las tonalidades».

El propio Van Gogh, en contacto con las investigaciones neoimpresionistas, abandonaría la paleta oscura de sus inicios para aplicar colores vivos sobre sus lienzos, si bien rechazando un marco científico que le condicionara. «El color expresa algo por sí mismo», enarbola en su uso emocional del color.

«¿Qué es el color? […] un espectro luminoso compuesto por seis rayos de distintos colores, como son el violeta, el azul, el verde, el amarillo, el anaranjado y el rojo»

 

Charles Blanc, 1876

La obra de Seurat pronto sería apreciada por sus contemporáneos y tuvo importantes seguidores como Signac y el propio Pissarro, fundador y representante de la corriente impresionista, que incorporó a sus obras esta particular pincelada. Esta nueva forma de pintar a través de una pincelada ordenada y racional se opuso radicalmente a la espontaneidad de la pincelada impresionista. En 1887, Charles Angrand, Henri-Edmond Cross y Maximilien Luce, se unirían al movimiento.

EL CENTRO MISTERIOSO DEL PENSAMIENTO. GAUGUIN Y LA ESCUELA DE PONT-AVEN

Vinculado al viaje que Gauguin haría a Bretaña y su encuentro en 1888 con Émile Bernard, esta sección recoge un conjunto de obras que reflejan las investigaciones realizadas por ambos artistas, quienes desarrollaron una nueva manera de pintar, sintética, caracterizada por la presencia de contornos silueteados y el uso de colores arbitrarios, simbólicos y planos.

Paul Gauguin, acompañado de sus inquietudes y acuciantes problemas económicos, llegó por primera vez a Pont-Aven en 1866, ansiando un encuentro con lo primitivo y en la búsqueda de un regreso a los orígenes. Paisajes y escenas campestres protagonizan sus obras de la época que se caracterizan por una renuncia al interés por la tridimensionalidad, un empleo antinaturalista del color y marcados contornos. Para Gauguin la pintura refleja un mundo interior, poético y espiritual: «El arte es una abstracción. Extráigala de la naturaleza soñando frente a ella, y piense más en la creación que en el resultado».

Paul Gauguin. Femmes de Tahiti, 1891. [Mujeres de Tahití]. Musée d'Orsay, París. Donación de la condesa Vitali en memoria de su hermano el vizconde Guy de Cholet, 1923. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski.

Paul Gauguin. Femmes de Tahiti, 1891. [Mujeres de Tahití]. Musée d’Orsay, París. Donación de la condesa Vitali en memoria de su hermano el vizconde Guy de Cholet, 1923. © RMN-Grand
Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski.

LOS NABIS, PROFETAS DE UN NUEVO ARTE

Paul Sérusier. Le Talisman, l'Aven au Bois d'Amour, 1888. [El talismán]. Musée d’Orsay, París. Adquirido con la participación de Philippe Meyer y la mediación de la Lutèce Foundation, 1985. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski.

Paul Sérusier. Le Talisman, l’Aven au Bois d’Amour, 1888. [El talismán]. Musée d’Orsay, París. Adquirido con la participación de Philippe Meyer y la mediación de la Lutèce Foundation, 1985. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski.

El Talismán, una tablilla pintada en Pont-Aven en 1888 por Sérusier bajo el dictado de Gauguin, abre la tercera sección. Esta obra sintetiza la ideología estética de este grupo de artistas que constituirán la vanguardia parisina de finales del siglo XIX y que defienden el origen espiritual del arte sirviéndose del color como elemento transmisor de los estados de ánimo.

El grupo era una unión fluctuante cuyos miembros se agrupaban por orígenes y afinidades; conformado por Paul Serusier, Julian Ranson, Maurice Denis, Pierre Bonnard, Vuillard y Ker-Xavier Roussel constituían la vanguardia parisina de finales del siglo XIX.

Maurice Denis. Paysage aux arbres verts, 1893. [Los árboles verdes]. Musée d'Orsay, París. Adquirido por dación, 2001. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski. © Maurice Denis, VEGAP, Madrid, 2015.

Maurice Denis. Paysage aux arbres verts, 1893. [Los árboles verdes]. Musée d’Orsay, París. Adquirido por dación, 2001. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski. © Maurice Denis, VEGAP, Madrid, 2015.

Especialmente interesante resulta el desarrollo estilístico dentro del propio movimiento, en el que cabe diferenciar entre dos tendencias; una corriente de tendencia más mística y simbolista representada por Sérusier, Ranson y Denis, y una aproximación a la vida moderna, de carácter intimista, más poética y decorativa, como se puede observar en las obras de Bonnard, Vuillard, Vallotton o Maillol.

Todas estas experiencias desembocarían en el violento estallido del color fauve, en donde, en palabras de Derain, los colores llegarían a ser «cartuchos de dinamita, cuya misión es descargar luz».

Aristide Maillol. Profil de femme, c. 1896. [Perfil de mujer]. Musée d'Orsay, Paris. Adquirido en 1956. Depositado en el Musée Hyacinthe Rigaud à Perpignan. © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt. © Aristide Maillol, VEGAP, Madrid, 2015.

Aristide Maillol. Profil de femme, c. 1896. [Perfil de mujer]. Musée d’Orsay, Paris. Adquirido en 1956. Depositado en el Musée Hyacinthe Rigaud à Perpignan. © Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt. © Aristide Maillol, VEGAP, Madrid, 2015.

Maurice Denis. Hommage à Cézanne, 1900. [Homenaje a Cézanne]. Musée d'Orsay, París. Donación de André Gide, 1928. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski. © Maurice Denis, VEGAP, Madrid, 2015.

Maurice Denis. Hommage à Cézanne, 1900.[Homenaje a Cézanne]. Musée d’Orsay, París. Donación de André Gide, 1928. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski. © Maurice Denis, VEGAP, Madrid, 2015.

Félix Vallotton. Femme se coiffant, 1900. [Mujer peinándose]. Musée des Beaux-Arts, Dijon. Adquirido al artista por el Estado en el Salon d'Automne de 1903, 1904. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Michel Urtado.

Félix Vallotton. Femme se coiffant, 1900. [Mujer peinándose]. Musée des Beaux-Arts, Dijon. Adquirido al artista por el Estado en el Salon d’Automne de 1903, 1904.< © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Michel Urtado.

«Recordad que un cuadro —antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o cualquier otra anécdota que se tercie— es esencialmente una superficie plana cubierta de colores ensamblados en un determinado orden»

 

Maurice Denis, 1890

EL COLOR EN LIBERTAD

Paul Cézanne. Portrait de l'artiste au fond rose, c.1875. [Autorretrato con fondo rosa]. Musée d'Orsay, París. Donación de Philippe Meyer, 2000. © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt.

Paul Cézanne. Portrait de l’artiste au fond rose, c.1875. [Autorretrato con fondo rosa]. Musée d’Orsay, París. Donación de Philippe Meyer, 2000. © Musée d’Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt.

Claude Monet. Saule pleureur, entre 1920 y 1922. [Sauce llorón]. Musée d'Orsay, París. Donación de Philippe Meyer, 2000. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Adrien Didierjean.

Claude Monet. Saule pleureur, entre 1920 y 1922. [Sauce llorón]. Musée d’Orsay, París. Donación de Philippe Meyer, 2000. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Adrien Didierjean.

El color en libertad nos conduce hasta los inicios del siglo XX, cuando los jóvenes pintores parecen padecer una epidemia que se expresa mediante pinceladas de color puro, más o menos redondas, cuadradas, pegadas, espaciadas, arañadas. En palabras de Paul Signac, «es el amor a la belleza del color» lo que les conduce hacia el color puro y vivo.

«¿Cómo ve usted esos árboles? –le pregunta Gauguin. –Son amarillos. –Pues bien, emplee el amarillo; esta sombra más bien azul, píntela con ultramar puro; ¿esas hojas rojas? Ponga bermellón (…)»

 

Conversación entre Gauguin y Sérusier

Gauguin emprendió en 1891 su primer viaje a Tahití, alejándose de la civilización europea para dedicarse a sus investigaciones estéticas lejos de los modelos occidentales. Fruto de este viaje encontramos la obra que abre la sección, Femmes de Tahiti, donde las siluetas de las mujeres están influenciadas por las formas simplificadas de Manet –a quien Gauguin admira– pero, sobre todo, los tonos vivos de los personajes, que anuncian el colorismo de Matisse.

En este recorrido por la evolución del color nos encontramos con Paul Cézanne, considerado como el padre de la pintura moderna y figura clave del movimiento postimpresionista. Voluntariamente aislado en Aix en Provence, Cézanne crea sus motivos mediante una disposición de tonos modulados donde el vacío interrumpe la forma.

En 1905, Matisse se presentó junto con Vlaminck a la exposición que tuvo lugar en el Salón de Otoño parisino, donde el crítico Louis Vauxcelles los bautizaría como Fauves y cuya principal característica era el uso libre del color.

Derain, Valtat, Vlaminck y Matisse usaban superficies homogéneas de colores puros y violentos como lenguaje expresivo autónomo. Sus audacias cromáticas afirmaban la primacía de las sensaciones visuales. A su llegada a París, el joven Picasso asimilaría esta revolución de la pintura en la que es el color, bañando el lienzo, el que construye el tema.

La exposición se cierra con Odalisque à la culotte rouge, donde se pone de manifiesto el interés por la ornamentación y el arabesco de Matisse.

Auguste Renoir. Grand nu, 1907. [Gran desnudo]. Musée d´Orsay, París. Donación de M. y Mme Robert Kahn-Sriber, en memoria de M. y Mme. Fernand Moch, 1975. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski.

Auguste Renoir. Grand nu, 1907. [Gran desnudo]. Musée d´Orsay, París. Donación de M. y Mme Robert Kahn-Sriber, en memoria de M. y Mme. Fernand Moch, 1975. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski.

Pablo Picasso. Nu sur fond rouge, 1906. [Desnudo sobre fondo rojo]. Musée de l'Orangerie, París. Comprado a Mme Jean Walter con al participación de la Société des Amis du Louvre, 1963. © RMNGrand Palais (musée de l'Orangerie) / Hervé Lewandowski. © Sucesión Picasso, VEGAP, Madrid, 2015.

Pablo Picasso. Nu sur fond rouge, 1906. [Desnudo sobre fondo rojo]. Musée de l’Orangerie, París. Comprado a Mme Jean Walter con al participación de la Société des Amis du Louvre, 1963. © RMNGrand Palais (musée de l’Orangerie) / Hervé Lewandowski. © Sucesión Picasso, VEGAP, Madrid, 2015.

André Derain. Pont de Charing Cross, c. 1906. [Puente de Charing Cross]. Musée d'Orsay, París. Donación de Marx et Rosy Kaganovitch, 1973. © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski. © André Derain, VEGAP, Madrid, 2015.

André Derain. Pont de Charing Cross, c. 1906. [Puente de Charing Cross]. Musée d’Orsay, París. Donación de Marx et Rosy Kaganovitch, 1973. © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay) / Hervé Lewandowski. © André Derain, VEGAP, Madrid, 2015.

«La elección de mis colores no se basa en ninguna teoría científica, sino en la observación, el sentimiento y las experiencias de mi sensibilidad»

 

Henri Matisse, 1908

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