Revista LA FUNDACIÓN

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Paz Errázuriz. La mirada valiente de una artista

Paz Errázuriz. La mirada valiente de una artista

por In Destacados (Portada), Exposiciones En 6 marzo, 2015


Compadres. Santiago, de la serie Personas, 1987.

Compadres. Santiago, de la serie Personas, 1987.

Fundación MAPFRE presenta la primera gran retrospectiva de Paz Errázuriz (Santiago de Chile, 1944), una de las fotógrafas chilenas de mayor reconocimiento internacional. La muestra puede verse en la sala Bárbara de Braganza de Madrid, del 16 de diciembre de 2015 al 28 de febrero de 2016. La exposición reúne más de 170 obras (fotografías y vídeos) y documentos que permiten recorrer de forma retrospectiva las distintas secciones que la
componen, ordenadas de forma cronológica y temática.

Fotos: © Paz Errázuriz

Memento II, de la serie Memento Mori, 2004.

Memento II, de la serie Memento Mori, 2004.

La obra de Paz Errázuriz, de formación autodidacta, se inicia en los años setenta del siglo XX. A menudo sus proyectos fotográficos suponen una transgresión de las reglas del régimen político de aquella época, por atreverse a trabajar en ambientes donde las mujeres no eran bien recibidas. Sus imágenes nos muestran espacios y entornos en los que predomina la marginación y el encierro. La mirada valiente de esta artista destaca por mostrarnos los aspectos más ocultos de la cotidianeidad chilena.

Cofundadora de la Asociación de Fotógrafos Independientes en Chile (AFI), ha recibido varias becas y numerosos premios, entre ellos, el premio Ansel Adams, otorgado por el instituto Chileno Norteamericano de Cultura, en 1995, el Premio a la Trayectoria Artística del Círculo de Críticos de Arte de Chile y el premio Altazor en 2005. En el presente año, ha recibido el premio PHotoEspaña y ha representado a Chile, junto a Lotty Rosenfeld, en la 56ª Bienal de Venecia.

Agentes y espacios del devenir social

La obra fotográfica de Paz Errázuriz irrumpe en su país, Chile, en un contexto político –primera mitad de los años setenta– dominado por la dictadura de Pinochet.

Sus primeros pasos están marcados por una situación de incertidumbre y riesgo para las vidas de quienes no apoyaron el golpe de estado. Salir a la calle con una cámara podía suponer sin duda un riesgo para quien quisiera captar la realidad, y una amenaza también para los que sostenían el orden marcial. Era todavía menos habitual ver entonces a una mujer que salía a realizar fotografías.

En 1980 Paz Errázuriz lleva a cabo su primera exposición individual titulada Personas, en el Instituto Chileno- Norteamericano de Santiago. Un año después funda con sus compañeros de profesión la Asociación de Fotógrafos independientes (AFI).

En esos tiempos Paz Errázuriz posó su mirada en aquellos individuos que pasaban sus días a la intemperie, durmiendo sobre el suelo, malviviendo, sumidos en la indigencia: las imágenes registradas muestran una perspectiva nada heroica del país, inmerso en la pobreza (serie Los dormidos). También en esos años y a lo largo de los ochenta Errázuriz ahondó en el modus vivendi de las clases adineradas, que exhibían su fortuna en los barrios santiaguinos de Las Condes o La Dehesa.

Las edades de la vida (y la muerte)

En esta sección el hilo conductor es el tiempo y su tratamiento en la imagen. A mediados de los ochenta Paz Errázuriz decidió fotografiar a su hijo Tomás una vez al mes durante cuatro años (julio de 1986-diciembre de 1990): su rostro serio se ofrece al espectador mientras la huella del cambio y los pequeños accidentes de la vida asoman. Años más tarde hizo un vídeo –Un cierto tiempo, 2004– con el preciado material fotográfico, lo que permite
subrayar la idea de continuidad y de ritmo visual.

La privación de libertad de movimiento en un país sumido desde 1973 hasta 1990 en la dictadura provocó en la fotógrafa una búsqueda de las razones que llevan al confinamiento de determinadas personas

Las edades extremas de la vida (niñez y vejez) son las más representadas por la artista incluyendo también una mirada crítica hacia la infantilización social que afecta a los ancianos, sin obviar otras cuestiones cómo la presencia del trabajo en las personas mayores. La actitud audaz de la fotógrafa le ha llevado a adentrarse en un asunto tabú como el de la desnudez desinhibida de algunas personas de edad avanzada (serie Cuerpos), o en el del disfrute del tiempo de ocio (serie Tango). Cierra esta serie un conjunto de imágenes –serie Memento mori– centradas en un cementerio de Santiago donde la autora posa su mirada sobre las fotos y otros elementos decorativos colocados por los familiares para evocar a la persona muerta.

Reclusión

La privación de libertad de movimiento en un país sumido desde 1973 hasta 1990 en la dictadura provocó en la fotógrafa una búsqueda de las razones que llevan al confinamiento de determinadas personas. Estas circunstancias indujeron a Paz Errázuriz a visitar en repetidas ocasiones el hospital psiquiátrico Philippe Pinel de Putaendo a doscientos kilómetros de Santiago. En dicho lugar se encontró con personas desatendidas por sus propias familias.

Huyendo de una visión miserabilista, el ojo de Errázuriz se centra en los lazos humanos basados en el cariño y la ternura, en las relaciones de pareja creadas en el psiquiátrico. Las fotos se llenan de abrazos, de manos que se agarran, de cuerpos que se juntan. La aportación principal de El infarto del alma (1992-1994) consiste en la valoración ante todo de la individualidad de los sujetos retratados y de las vinculaciones afectivas tejidas en el internamiento.

Baño X, de la serie Antesala de un desnudo, 1999.

Baño X, de la serie Antesala de un desnudo, 1999.

Lucha y resistencia

Unos años después de concluir esta serie, Errázuriz regresa al mismo universo de reclusión y lleva a cabo Antesala de un desnudo (1999). Para esta serie escogió un lugar de uso corriente pero de evocaciones siniestras: las duchas. Los cuerpos hacinados en un espacio de paredes sucias y suelos manchados y sobre todo la visión de las ancianas desnudas junto a las puertas enrejadas nos hablan de la brutalidad del sistema carcelario.

Paz había iniciado su trayectoria en un periodo de la historia de Chile cargado de acontecimientos políticos: el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973) y la dictadura fascista (1973-1990). Su decidido compromiso en la lucha a favor de los derechos humanos, hizo que quisiera registrar todos aquellos movimientos sociales.

Estando activa en la Asociación de Fotógrafos independientes (AFI) desde 1981, se tomaron gran parte de las imágenes de amplios sectores de la población chilena que participó en huelgas, en manifestaciones o en protestas contrarias al régimen.

Errázuriz siguió de cerca las actividades del colectivo Mujeres por la Vida, que tuvo un papel destacado en la concienciación de la subordinación femenina. En una ocasión fotografió el Día de la mujer, en 1985, captando desde los altos de un edificio del centro de Santiago la interrupción del tráfico por parte de un grupo de manifestantes y las prácticas disuasorias –lanzamiento de chorros de agua– o abiertamente represivas de las fuerzas del orden.

Mujeres por la vida, de la serie Protestas, 1988.

Mujeres por la vida, de la serie Protestas, 1988.

Otra de las series mostradas en esta sección es Mujeres de Chile (1992). En ella retrató un conjunto de mujeres cuyas vidas no reflejan los medios de comunicación ni los libros de historia –una maestra rural, una chinchorrera (recolectora de carbón), una mujer buzo…

El sexo, instrumento de supervivencia

Paz Errázuriz tuvo desde muy pronto contacto con el mundo de la prostitución femenina. Sin embargo, entre 1982 y 1987 dedicó gran parte de su tiempo a frecuentar a un grupo de hombres que se travestían y prostituían en distintos burdeles de Santiago y Talca.

En 1990 se publicó el fotolibro La manzana de Adán que recoge las fotos en blanco y negro, textos y entrevistas realizados a los integrantes de una  familia que en nada encajaba con el modelo burgués al uso. Una gran familia heterodoxa que rompía moldes y que se vio diezmada por el SIDA, la precariedad económica y la persecución policial.

Evelyn I, Santiago, de la serie La manzana de Adán, 1987.

Evelyn I, Santiago, de la serie La manzana de Adán, 1987.

Antes de iniciar el proyecto sobre La manzana de Adán ya había conocido a algunas trabajadoras del sexo. El interés continuó en las tomas en distintos burdeles de Curanilahue y Valparaíso (Serie Prostíbulos, 1999- 2002). Destacan en estas imágenes el grado de complicidad que se detecta entre las mujeres y los clientes. No hay ningún glamour en estos burdeles pobres y el desnudo femenino brilla por su ausencia.

Una incursión reciente al norte de Chile la condujo a un prostíbulo perdido. La serie resultante en color se denomina Muñecas, Frontera Chile-Perú, 2014, en ella las prostitutas se dejan captar por la cámara sin el menor recato.

Impedimentos de la mirada

 

Paz Errázuriz inició en 2003 su serie Ceguera hasta ahora inconclusa. En ella, sus modelos siempre han sido conscientes de que iban a ser fotografiados. Los retratados aparecen a veces solos, o también en pareja, lo que destierra la idea del aislamiento de los invidentes.

Otra serie posterior, titulada La luz que me ciega, 2010, condujo a Paz Errázuriz al pequeño poblado de El Calvario, cerca de la localidad de Paredones, en la VI región de Chile. En ese lugar conocerá a una familia aquejada por la acromatopsia, una enfermedad congénita por la cual la realidad es percibida en blanco y negro. La falta de percepción del color va acompañada de una visión que está alterada gravemente. Las imágenes captan un drama contemporáneo de un pueblo en cuyo cementerio se repiten los mismos apellidos lo que desvela una larga historia de incestos.

Ceguera IV, de la serie Ceguera, 2003.

Ceguera IV, de la serie Ceguera, 2003.

La desaparición de una etnia

El encuentro con Fresia Alessandri Baker cuyo nombre en lengua kawésqar es Jérwar-asáwer hizo que Paz Errázuriz diera un giro en 1992 a la serie Mujeres de Chile, para trasladarla a su propio hábitat, la costa de los archipiélagos de la Patagonia occidental. Fue Jérwarasáwer quien le dijo «Foto, no» en un primer momento y quien requirió de mucho tiempo, incluso años, hasta permitir que se entablase una relación de confianza entre las dos.

Errázuriz se ha adentrado en la cotidianidad de una etnia que se encuentra sumida en un proceso de extinción –serie Los nómadas del mar– que vive entre canales de la pesca de la cholga (molusco) y de la confección de cestos hechos con junquillos.

Atáp, Ester Edén Wellington, Puerto Edén, de la serie Los nómadas del mar, 1995.

Atáp, Ester Edén Wellington, Puerto Edén,
de la serie Los nómadas del mar, 1995.

Boxeador VI, Santiago, de la serie Boxeadores. El combate contra el ángel, 1987.

Boxeador VI, Santiago, de la serie Boxeadores.
El combate contra el ángel, 1987.

Su decidido compromiso en la lucha a favor de los derechos humanos, hizo que quisiera registrar todos aquellos movimientos sociales

Fortaleza y debilidad

En 1987 Paz Errázuriz quiso explorar un mundo tan supuestamente viril como el del boxeo. Acudió en un principio a hacer algunas averiguaciones al Club México de Santiago pero fue rechazada con el argumento de que las mujeres no estaban autorizadas a penetrar en un recinto masculino de dichas características. Finalmente sí pudo llevar a cabo su proyecto visitando la Federación Chilena de Boxeo. El resultado de sus reiteradas visitas es una serie de imágenes –la serie El combate contra el ángel, 1987– de hombres cuyo aspecto vulnerable hace dudar de la victoria a la que aspiran.

Errázuriz los muestra fuera del ring o dispuestos a iniciar el entrenamiento. Sin embargo, más que una musculatura en su esplendor físico, vemos sobre todo cansancio, agotamiento y también precariedad y fragilidad.

Años después, tras viajar en autobús por el norte de Chile con un grupo de luchadores pudo descubrir unas realidades que no suelen asociarse con los practicantes de la lucha libre: la existencia de sus familias, su descendencia, su vida personal.

Tampoco en este caso –la serie se denomina Luchadores del ring, 2002– es la batalla de los cuerpos lo que movió a Errázuriz a dedicarles tiempo y atención, sino la fragilidad y singularidad de unas vidas que no encajan con la normalidad por su carácter nómada y por la profesión a la que se dedican.

Mago Karman, de la serie El circo, 1988.

Mago Karman, de la serie El circo, 1988.

El circo

En esta serie se retratan momentos de la vida diaria de circos pobres, de aquellos que malviven en las barriadas de las ciudades.

En este caso la fotógrafa chilena se aparta de las visiones estereotipadas y coloristas sobre el circo que lo relacionan con las risas de los payasos o el uso de animales peligrosos; su mirada se posa en la cotidianeidad de unas gentes que hacen de su profesión un modo de vida sin estridencias hasta el punto de que el acróbata o el mago pueden parecerse a cualquiera de nosotros.

Exéresis

 

La serie única Exéresis, 2004, es una rareza en toda su producción pues ha sido realizada en distintos museos europeos y norteamericanos como el Louvre (París), el Pergamon (Berlín), El Metropolitan Museum (Nueva York) y la National Gallery of Art (Washington).

Las imágenes muestran las estatuas fotografiadas con el encuadre a la altura del pecho, de modo que la atención se concentra en la zona genital donde encontramos una cavidad o los restos de un pene extirpado. Las razones históricas, culturales y morales de la desaparición de ese órgano esculpido obedecen probablemente a mentalidades oscurantistas y/o a venganzas de origen religioso, pero el resultado le sirve a Errázuriz para reflexionar sobre la masculinidad desfigurada.

Exéresis I, de la serie Exéresis, 2004.

Exéresis I, de la serie Exéresis, 2004.


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